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GARBANCITO Y LA CICLOGENESIS

GARBANCITO Y LA CICLOGENESIS

Hace tiempo que no cuento nada de Garbancito, es verdad.

Últimamente está más callado; y es que, con tanto mar, juego y deporte, no sé siente muy intelectual que digamos. Está pasando por una de esas temporadas de escasez de ocurrencias; aunque no es algo en absoluto preocupante: sólo anda empollando ideas para las futuras clausuras del invierno (que dan para muchas rebeliones internas, por aquello de la inactividad)…

Hasta hoy, que nos ha sorprendido la tormenta, y me ha regalado, una de esas historias antiguas que merece la pena recordar:

Cuando Garbancito tenía dos, o a lo mejor tres años, empecé a encontrarle monedas, piedras del parque, y todo tipo de quincalla en los bolsillos; de primeras pensé que era una de esas incomprensibles excentricidades infantiles: como las de los castores, que van por el bosque acumulando cosas raras para luego construir con ellas presas, miradores y cosas por el estilo (por mi parte no conozco personalmente a ningún castor, pero viendo el peculiar “diógenes ecológico” de Garbancito, me imaginé que era algo así).

Entre lluvias y vendavales, nos entretuvimos con el nuevo juego de revisar bolsillos y tirar piedras, casi tres meses.

Hasta que las “piedritas” empezaron a convertirse en “pedruscos”, y la variedad de objetos acumulables también. Y aquella tarde en que le vi tratando de meterse en los bolsillos un casco de refresco de la cafetería donde estábamos merendando, simplemente, no pude más…

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DE LOS CIRCOS TRASHUMANTES Y OTRAS AMENAZAS “NO DEL TODO” PRODUCTIVAS

PASILLOS DE COLEGIO: DE LOS CIRCOS TRASHUMANTES Y OTRAS AMENAZAS NO DEL TODO PRODUCTIVAS

Aunque tengo que reconocer que he llegado a utilizar el truco del hombre del saco con Garbancito – no hay madre del todo perfecta, y aunque no me gusten las amenazas, a veces la supervivencia puede más – la que nunca utilizo, bajo ninguna circunstancia, es la de la de regalarle a un circo trashumante.

Aunque solo sea porque comprobé, de primera mano, que no funciona; es más, lo considero un método contraproducente y con alguien con el carácter tan fuerte como una recia legumbre, incluso peligroso, además. Lo sé porque yo misma, a su edad, lo único que quería era precisamente eso: marcharme de casa con los famosos zíngaros aquellos. Y tal fue la influencia de aquella historia en mi maleable mente infantil, que todavía hoy sucumbo periódicamente al sueño de escaparme y viajar eternamente de la mano de algún saxofonista – o de cualquier otra disciplina artística, con tal de que sea alguien bohemio y viajero de verdad –

En cuento a Garbancito, miedo me da que el supuesto castigo, le suene a él también a sugerencia, porque ¿quien no desearía una vida consistente en viajar de un lado para otro, jugar con el hombre invisible y la mujer barbuda, creciendo asilvestrado y sin ningún tipo de escuela ni obligación? A su edad me soñaba bailarina oriental o zíngara quiromante, inventando futuros oficios tan variopintos como la adivinación de los posos del café (de las visitas) la adivinación del futuro pintando en la bola (pisapapeles) del despacho paterno, el espectáculo de cabaret con mi disfraz de flamenca y los tacones rojos de juguete, perfectos para improvisar…

Hoy por hoy lo recuerdo con nostalgia y cierta pena, porque en realidad nunca tuve verdadero talento delictivo; una auténtica lástima: por más que me esforcé, nunca conseguí portarme tan mal como para que cumplieran con lo prometido…

Aunque en realidad, nunca se sabe: los sueños de la infancia nunca se pierden del todo, solo se reconvierten en materia prima para los sueños futuros; por eso aún conservo en el armario, junto con la capa mágica y la alfombra de volar en sueños de Garbancito, las pulseritas de plástico y los tacones rojos, preparados para salidas de emergencia, en una maleta antigua de aquellas de papel cartón…

El circo de la memoria (Valladolid)

El circo de la memoria (Valladolid)

GARBANCITO Y EL HOMBRE DEL SACO

Los años pasan, y los garbancitos se van haciendo cada vez más mayores; sobre todo ahora que los tiempos han cambiado, y parece que nacen aprendidos: tan sabios resultan, a ratos, tan vividos y aprendidos, que cualquiera les llama ya al orden con leyendas deslustradas de “hombres del saco” y zíngaros “trashumantes”, como aquellos a los que me iban a regalar a mí, al menos dos veces al mes (para que me dieran una ocupación útil, como entretener a la cabra y otras tareas con las que expiar mis numerosas maldades y así ganarme el imprescindible chusco de pan).

Sé muy bien que, a estas alturas, Garbancito no me va a creer del todo; y aún así, me he traído de la ciudad de Toro (Zamora) una foto perfecta para él; seguro que con este cuento, durante un par de semanas, se portará bien por si acaso; porque por mucho que la historia no le parezca cierta, hay algo que sí sabe todo el mundo (tenga la edad que tenga):

“Garbanzo precavido… siempre vale por dos”

 

Venta de garbanzos (Toro, Zamora)

Venta de garbanzos (Toro, Zamora)

 

CARTA A LOS REYES MAJOS

GARBANCITO (CARTA A LOS REYES) 

 

TURISTA ACCIDENTAL

Los Reyes Majos han decidido que, este año, lo que más falta le hace a Garbancito es algo que no está en su carta; esa misma carta que dejó en el buzón hará como cosa de un mes, pero que con los nervios del directo, omitió detalles fundamentales – como pilas para los juguetes, libros, diccionarios y zapatillas de baloncesto, y otras cosas aparentemente inútiles así –

Es por ese descuido, y porque de verdad son mágicos, por lo que los Reyes han pensado que los regalos que traerán este año llevarán un pequeño extra, especialmente indicado para Garbancito…

(Se llama brújula; pero tendréis que guardar el secreto, porque si no, no sería una sorpresa “de las de verdad”).

GARBANCITO Y SAN VALENTIN

GARBANCITO Y SAN VALENTIN

Probó con las flechas de su disfraz de piel roja, pero con esas ventosas naranjas en la punta, no se quedaban pegadas y no servían para nada, al final.

Lo intentó en el patio del recreo, pero rodeada como estaba de un montón de amiguitas, todas idénticas, no encontraba el momento adecuado, ni la suficiente intimidad.

Trató de acertar con bolitas de papel, arrancado del cuaderno de deberes, y una cerbatana improvisada del caparazón de un bolígrafo Bic – que quedó mutilado y lleno de babas, sin resultar de ninguna utilidad –

Hasta que su princesita en miniatura, cansada de esperar a que llegara San Valentín, le plantó un beso – también en miniatura – el día que terminó el cole, allá por el mes de junio.

Y yo sé que le dio un beso de verdad, bien pegadito a la oreja derecha: justó ahí, en ese lugar donde Garbancito, al lavarse la cara cada mañana, tiene mucho cuidado de no borrar la marca al restregar…

Mas historias de Garbancito AQUÍ y AQUÍ

GARBANCITO Y LA REPAMPANOCHA

GARBANCITO Y LA REPAMPANOCHA (MICRORRELATO)

Garbancito con el ceño fruncido, buscando concienzudamente. En mi diccionario de la RAE.

– ¿Qué buscas, Garbancito? ¿Te puedo ayudar?

– No, gracias, mami; buscaba una palabra, pero es que no está.

– ¿Y qué palabra es?… a ver si la podemos buscar en Wikipedia.

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