Archivo de la categoría: Cuentos y microrrelatos

ARUSPICINA Y ALFILERES (PASILLOS DE COLEGIO)

Maniquí "neomudejar"

Maniquí “neomudejar”

ARUSPICINA Y ALFILERES (PASILLOS DE COLEGIO)

Tengo que confesar que hoy por hoy, soy como soy, por culpa y gracia de la tía Ágata; leonesa de nacimiento y gallega de carácter, modista de profesión y bruja por afición; en su universo convivían, en rara armonía, constelaciones de alfileres, agujas, retazos de papel de seda y jabones de marcar.

En aquel mundo extraño pasé muchas tardes de mi infancia remota: recortando mariquitas con sus enormes tijeras, mientras observaba el desfile de señoras desconocidas, que entraban revoloteando y terminaban posadas en medio de la sala, quietas como estatuas y revestidas de papel cebolla y alfileres de bolita de colores (que como los adjetivos de las mentiras y los cuentos, no sirven para coser, son sólo para sujetar).

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CRÓNICAS DEL CIRCO: DUERMEVELA Y EL HIPNOTIZADOR

CRÓNICAS DEL CIRCO: DUERMEVELA Y EL HIPNOTIZADOR

Cuando escucho en la calle aquello de la ley de Murphy (que a saber cómo se escribe, porque al menos yo no recuerdo de qué país es) a quien siempre recuerdo, en cambio, en esas ocasiones, es a la desdichada bailarina Duermevela.

Y la llamo así, “desdichada”, porque lo que le sucedió a la muchacha entra en la que considero una de las peores categorías de “desgracia”: justamente una de ésas que, además de ser muy tristes, tiene un lado gracioso, y por eso mismo provoca (para mayor frustración de su protagonista) una inconveniente, exasperante, y mal disimulada hilaridad.

El caso es que Duermevela, además de ser una notable bailarina, ejercía con gran habilidad de ayudante de su pareja, un conocido mago especialista en hipnosis; y fue precisamente aquel amor, tan profundo, tan apasionado, el que a la larga vino a ser la causa de todos sus males: que una noche, cuando el mago la tenía ya completamente hipnotizada y apunto estaba de comenzar a dictarle órdenes absurdas para divertir al público, se alteró tanto con la emoción del espectáculo, que sufrió un infarto fulminante… y en aquel mismo instante, falleció.

Funesto a la par que inoportuno momento de morirse eligió el mago; ese artista que anunciaban como “El mejor del mundo conocido”, pero que sólo supo demostrarlo de la forma más terrible, y encima después de muerto: a la pobre señorita Duermevela ya no existió persona alguna en la faz de la tierra capaz de sacarla de su estado.

Y así fue como pasó el resto de sus días: con una gran sonrisa puesta, aparentemente viva, y diríamos que despierta… pero francamente embobada por siempre jamás.

 

bailarina azul

Bailarina azul, fotografía de Helga Martínez Pallarés (todos los derechos reservados)

 

GARBANCITO Y LA CICLOGENESIS

GARBANCITO Y LA CICLOGENESIS

Hace tiempo que no cuento nada de Garbancito, es verdad.

Últimamente está más callado; y es que, con tanto mar, juego y deporte, no sé siente muy intelectual que digamos. Está pasando por una de esas temporadas de escasez de ocurrencias; aunque no es algo en absoluto preocupante: sólo anda empollando ideas para las futuras clausuras del invierno (que dan para muchas rebeliones internas, por aquello de la inactividad)…

Hasta hoy, que nos ha sorprendido la tormenta, y me ha regalado, una de esas historias antiguas que merece la pena recordar:

Cuando Garbancito tenía dos, o a lo mejor tres años, empecé a encontrarle monedas, piedras del parque, y todo tipo de quincalla en los bolsillos; de primeras pensé que era una de esas incomprensibles excentricidades infantiles: como las de los castores, que van por el bosque acumulando cosas raras para luego construir con ellas presas, miradores y cosas por el estilo (por mi parte no conozco personalmente a ningún castor, pero viendo el peculiar “diógenes ecológico” de Garbancito, me imaginé que era algo así).

Entre lluvias y vendavales, nos entretuvimos con el nuevo juego de revisar bolsillos y tirar piedras, casi tres meses.

Hasta que las “piedritas” empezaron a convertirse en “pedruscos”, y la variedad de objetos acumulables también. Y aquella tarde en que le vi tratando de meterse en los bolsillos un casco de refresco de la cafetería donde estábamos merendando, simplemente, no pude más…

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RECURSOS HUMANOS (LA DIMISIÓN DE “SAPO”)

LA DIMISIÓN DE “SAPO”

Llega el cambio de turno; se acababan de encender las luces de emergencia del decorado del bosque, mientras van colocándose, poco a poco, en sus puestos, los actores de la función nocturna, listos para comenzar la jornada laboral.

Todos llegan más o menos puntuales a la escena; excepto la bruja, que en realidad ya está allí, puesto que como ya sabemos, tiene también otros asuntos burocráticos de los que ocuparse durante el día – atender consultas de princesitas y caballeros andantes o entrevistar destripaterrones aspirantes a príncipe azul de cuento, por ejemplo –

Parece una jornada tranquila: no suelen aparecer muchos príncipes los lunes, después del ajetreado fin de semana. La bruja se pasea puente levadizo arriba y abajo, charlando con un grillo, con fama de chismoso, que le está poniendo al día con los últimos cotilleos del lugar.

–          Esto… disculpe, Señora Bruja. Espero no interrumpir, porque no he pedido cita, pero si fuera posible, aunque solo sean cinco minutos, me gustaría…

–          Ningún problema. Dígame, Señora…

–          Señor. Señor “batracio”, del cuento de “La princesa y la rana”, Señora Bruja.

–          Ah sí… discúlpeme; soy fatal para los nombres, y más a estas horas de la noche, que no han acabado de encender todas las estrellas, y veo fatal. Cuénteme, señor Batracio: ¿qué le trae por aquí?

–          Pues… Como usted sabe, llevo asignado al papel de rana del cuento desde que quedó la vacante, por matrimonio de mi predecesor. Me hechizó usted misma, hace así como cuarenta años, en la feria de mayo. Estoy destinado a la charca del este del bosque junto al castillo.

–          ¿Y qué le acontece, señor? ¿En qué le puedo ayudar?

–          Pues mire usted, Señora Hechicera ¿la puedo llamar así? Venía principalmente a solicitar, bueno, a pedir… ¿Sería posible modificar un poco el cuento? Es que me han dicho que cuarenta años ya son muchos para el papel, y que en breve, se rumorea, bueno, se dice por ahí… que me van a ascender a Rey consorte de otro cuento.

–          Si, algo de eso habíamos hablado últimamente. Y es un buen ascenso, merecido además. ¿No está contento?

Pues no. No estaba contento. Con mucho tacto, para no enfadar a la bruja – que tiene poca paciencia, y ya sabe todo el bosque, que a una bruja nunca es buena idea molestarla- le explicó que no veía que aquel ascenso fuera “tan atractivo”.

Estaba feliz con su puesto. Para él había sido todo un descubrimiento: él que como príncipe corriente y moliente nunca había tenido demasiado éxito con las féminas de los cuentos, de pronto se hizo con una inusitada fama de soltero de oro; raro era el día que no se veía solicitado por una dos, hasta tres princesitas solteras en busca de pareja con la que desposarse, y deseosas de probar suerte con él: hacían cola, esperaban incluso semanas ¡para poder besarle!

Se había acostumbrado a aquella vida; tanto era así, que no tenía intenciones de sentar la cabeza. Con tanta princesita encantadora (y joven) alrededor, no veía interés alguno en cambiar de obra; y además, todas eran preciosas: ¿Cómo habría de decidirse? ¿Qué interés podía tener, pudiendo besar a docenas, limitarse a una sola? Y si la dirección le cambiaba de puesto y luego no le gustaba el nuevo papel, ¿qué iba a hacer entonces? Que después de todo, tampoco era tan mayor; ya se sabe que en ese mundillo, a ciertas edades, los papeles eran más restringidos y más escasos – y con la crisis literaria, mucho peor – pero estaba muy en forma, todavía tenía años por delante antes de dedicarse a papeles mayores – como el de anciano Rey viudo de Cenicienta y cosas por el estilo-…

–            Así que, por todo eso, si fuera posible permitirme continuar… quién sabe, cinco o seis años, o algo así…

Suspiraba la bruja, paseando puente levadizo arriba y abajo, con la obsequiosa rana brincando alrededor. “Lo que tiene darle el papel a un hombre y no hacerlo al revés y contratar a una auténtica rana” – pensó – Aunque visto lo visto, no merecía la pena intentar convencerla de lo contrario, porque asignarle a según que damiselas, demasiado románticas o demasiado cándidas, habría sido un grave error.

Dio tres o cuatro vueltas más, y al cabo, decidió concederle su deseo. Ya había decidido a la vez, cual debía ser el escarmiento para la rana: mejor que disfrutara de las princesitas de “su obra” todo lo que pudiera.

Pronto tendría una edad poco adecuada para príncipe heredero; y como no había querido ascender a Rey en su momento… se quedaría de Sapo para las fábulas de Samaniego – condenado al estricto celibato, por exceso de ambición –

Fuente del sapo (Parque del Retiro, Madrid)

Fuente del sapo

EL CHISME: RUMOROLOGOS CUALIFICADOS

Originalmente publicado en ACTUALIDAD DEL BOSQUE DE ASFALTO (SECCIÓN ECONOMÍA)…

EL CHISME S.A.: Rumorólogos Cualificados

“Si tu vida no es bastante interesante, hazte una a medida”.

Con estas palabras resume Mari Puri Gonzalez la actividad de su empresa “El chisme S.A.”,  que desde 1998 está cambiando las reglas del juego social en el bosque de asfalto; tras pasar más de quince años dedicada a la gestión de recursos humanos en una compañía de gestión de eventos palaciegos, Mari Puri, entrada ya en la cuarentena, decidió dar un giro a su trayectoria profesional y ayudar a los príncipes solteros en el cada vez más complicado mundo de la vida social: “Cualquier persona, por anodina que sea, puede convertirse en popular”.

Con un amplio y altamente especializado equipo de ayudantes, su metodología se basa en el diseño de un rumor inventado, diseñado para adecuarse a las necesidades concretas del usuario (ya sea disuadir a princesitas insistentes en exceso, dotar a un príncipe sin gracia de una atrayente fama de galán, o cualquier otro deseo del cliente, por extraño o complicado que sea) . Tras diseñar el “chisme” perfecto, los ayudantes de Mari Puri se encargan de introducir la historia en el entorno del cliente, dotándola de la credibilidad suficiente para conseguir el propósito deseado; de esta manera, el cliente podrá disfrutar de un claro aumento de popularidad, misterio, atracción o disuasión entre sus conocidos o amistades.

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DE LOS CIRCOS TRASHUMANTES Y OTRAS AMENAZAS “NO DEL TODO” PRODUCTIVAS

PASILLOS DE COLEGIO: DE LOS CIRCOS TRASHUMANTES Y OTRAS AMENAZAS NO DEL TODO PRODUCTIVAS

Aunque tengo que reconocer que he llegado a utilizar el truco del hombre del saco con Garbancito – no hay madre del todo perfecta, y aunque no me gusten las amenazas, a veces la supervivencia puede más – la que nunca utilizo, bajo ninguna circunstancia, es la de la de regalarle a un circo trashumante.

Aunque solo sea porque comprobé, de primera mano, que no funciona; es más, lo considero un método contraproducente y con alguien con el carácter tan fuerte como una recia legumbre, incluso peligroso, además. Lo sé porque yo misma, a su edad, lo único que quería era precisamente eso: marcharme de casa con los famosos zíngaros aquellos. Y tal fue la influencia de aquella historia en mi maleable mente infantil, que todavía hoy sucumbo periódicamente al sueño de escaparme y viajar eternamente de la mano de algún saxofonista – o de cualquier otra disciplina artística, con tal de que sea alguien bohemio y viajero de verdad –

En cuento a Garbancito, miedo me da que el supuesto castigo, le suene a él también a sugerencia, porque ¿quien no desearía una vida consistente en viajar de un lado para otro, jugar con el hombre invisible y la mujer barbuda, creciendo asilvestrado y sin ningún tipo de escuela ni obligación? A su edad me soñaba bailarina oriental o zíngara quiromante, inventando futuros oficios tan variopintos como la adivinación de los posos del café (de las visitas) la adivinación del futuro pintando en la bola (pisapapeles) del despacho paterno, el espectáculo de cabaret con mi disfraz de flamenca y los tacones rojos de juguete, perfectos para improvisar…

Hoy por hoy lo recuerdo con nostalgia y cierta pena, porque en realidad nunca tuve verdadero talento delictivo; una auténtica lástima: por más que me esforcé, nunca conseguí portarme tan mal como para que cumplieran con lo prometido…

Aunque en realidad, nunca se sabe: los sueños de la infancia nunca se pierden del todo, solo se reconvierten en materia prima para los sueños futuros; por eso aún conservo en el armario, junto con la capa mágica y la alfombra de volar en sueños de Garbancito, las pulseritas de plástico y los tacones rojos, preparados para salidas de emergencia, en una maleta antigua de aquellas de papel cartón…

El circo de la memoria (Valladolid)

El circo de la memoria (Valladolid)

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